jueves, 15 de noviembre de 2012




¿De qué sirve un poeta callado 
si ya charlatán se le ignora? 
Son tus versos tus ojos,  tu boca,  tus piernas, 
tus manos,  tu única vestimenta. 
¿Crees que a alguien le importa 
que un poeta se calle? 
Algunos se sentirán aliviados. 
Puestos a ser son la aguja y el hilo, 
la puntada dolorosa, 
el chasquido en medio del silencio, 
la patada en la puerta. 
No son la página en blanco,  ni el miedo.
Menos el qué dirán si escriben, 
o peor,  qué dirán los propios aedos, 
no conocen el corporativismo del esclavo. 
No hay nadie más vagabundo que el poeta, 
libre,  jamás supeditado, 
obstinado,  anárquico,  osado, 
en una mano el edén y 
 en la otra el mismísimo báratro. 




Nená de la Torriente