Mi esencia habita en el enredo,
vive en la espera
y en la ingravidez de los suspiros,
se afinca en los pulsos improbables de los sueños
y alquila besos de caramelo,
garante de los labios de los niños.
No sabe de guarismos,
no conoce dietarios ni premuras,
sabe del reflejo
y la continuidad de lo que respira,
de poesía y amaneceres magos,
de esperanza infinita.
Mi cuerpo gimotea y retrocede,
se brinda a cohabitar con lo intangible.
Hace sumas y restas y pierde el tiempo,
se aferra a 46 cromosomas,
a 5 o 6 litros de sangre.
Se mide, se pesa, se retrata,
se duele, se ama, se tolera,
es prosa del número
y de la agenda.
Nená de la Torriente