jueves, 21 de mayo de 2020

Pensaba en esto y en aquello, esto eras tú,
y tú seguías siendo aquello...


Tanto buscar y la vida es esto, 
un segundo detrás de otro 
casi imperceptible. 
Pleno, 
sencillamente pleno. 
No hace falta levantar edificios 
humildes o desmesurados castillos, 
ni rodar más deprisa 
que las ruedas de los carros. 
No necesito que me lleves a las Hébridas 
para tomar un whisky, 
ni que reinventes primaveras 
en edenes bíblicos. 
Puedo contarte lo que siento, 
eso necesito, 
puedo compartir mis contiendas, 
eso necesito, 
puedo dormir a tu lado. 
Cree en mí como yo te creo, 
como creo en la noche, 
en el yunque, 
en el rayo sobre los montes, 
como creo en el tímido sonido 
bordeando lo que apenas distingo, 
en el amor hacia los débiles, 
en lo hermoso, en lo cotidiano. 
Siénteme en ti como yo te siento, 
como siento la soledad enganchada 
a mi camisa, 
a la flor 
que ha de llegar cada primavera, 
como siento mi voz cuando hablo sola, 
al sonido del agua en todas sus versiones, 
como advierto en brote a las pieles. 
Y es que la vida es sólo esto, 
un segundo detrás de otro 
casi imperceptible, 
alejado de ninguno y al abrazo de todo, 
y pleno, 
sencillamente pleno. 

Nená de la Torriente 

lunes, 13 de abril de 2020


Me da hambre ese puñado de hojas 
en tu pared. 
Tal vez en otra vida fui insecto. 
Tal vez lo fuiste tú, 
tal vez lo fuimos. 
Hambre de insecto que siente hambre, 
si miro ese puñado de hojas 
que ahora cuelgan de tu pared. 
No todo es tan abril y tan verde, 
ni tan gris y tan enero, 
no todo es como tú imaginas. 
Te vi llover, fuiste lluvia y te oí lloviendo, 
me produjo tanto dolor de planos, 
tanto dolor de curvos, 
tanto dolor en los ángulos 
que creí encontrarme el alma. 
Me quedé colgada de un pie 
en un balcón imaginario, y el otro 
pendiendo de un rabo de neblina. 
Y ahora mírame, pulgón o mosca blanca, 
mirando con absoluta avidez 
ese puñado de hojas en tu pared, 
todas verdes, y todas solas. 


Nená de la Torriente

domingo, 8 de marzo de 2020


De cómo llegaste aquí 
no me has contado nunca. 

De por qué y de qué manera sutil 
dirigiste tu mirada a una hoja 
y no a otra, 
y coincidiste con mis ojos un segundo. 

Que la vida lleva su firma, me dijiste, 
y dudé si coincidir contigo 
era un acto conveniente 
o algo tan real como la lluvia. 

Pasaste sobre mí sin verme. 

Viviste de manera tangencial 
lo que era mi voluntad y mi conciencia. 


¿Ahora hacia donde caerá 
tu bala suspendida?

¿A qué beso 
tus labios dulces? 

¿A qué piel distinta 
tus manos 
de araña mansa? 


Nená de la Torriente