miércoles, 21 de junio de 2017

Humildeidad 

Cualquier necio 
puede coser palabras ásperas 
como la piel del tiburón y 
no ser un tiburón 

alardear de una fortaleza que no tiene 

beberse los recuerdos más amables 
por creerlos una desventaja 

⧭ 
Puede 
disimular ternezas entre líneas amargas 
o galopar entre ríos sin espuelas 

Cualquier necio
puede fingir amor y 
no estar celosamente enamorado 

elogiar en connivencia 

tomarse de diez en mil el capricho 
de unos ojos 
presintiéndolos su feudo  

Puede 
derrochar mentiras entre abrazobesos 
o volar hacia el sol sin élitros que le protejan 

Cualquiera puede provocar a los infiernos 
o amartelarse a los cielos 

golpearse la testa 

arrinconar al amigo y ensalzar a la bestia 

equivocarse 

estafarse infinito    

fingirse entre la serpiente y el águila 

Muchos somos 
los que alguna vez 

inagotablemente 


hemos sido un cualquiera 



Nená de la Torriente 

lunes, 12 de junio de 2017


Somos diferencia 

Pasas por los otros  
como quien cruza puentes 
sin acariciar sus barandillas 
y
te debo un verso en el tejado 
donde los nidos ventean vanos 
o no te debí nunca 

Tal vez el vértigo de un beso 
con los labios ebrios 
sin apearse del alma 

Una mañana de amor 

un osado instante galopado 
que nos haga ver el mar
donde crece a solas el escaramujo 

Somos diferencia 
y
te debo un paso sencillo 

un principio inevitable 
de extinción plena 
o no te debí nunca  

Un estar sin estar 
sobre tus caderas
con amante grito 

Quizá una caricia vespertina 
o temprana 
que levante castillos de viento 
sobre tu piel trémula 

Te debo un te quiero 
o no te debí nunca 

porque he besado cada palmo 
de tu débil pontón 
y he sido draga para tu légamo   
infinitamente distinto 

Somos diferencia 

Por eso te debo 
o no te debí nunca 
este espacio por encima de tu ruina 
ahora mía  

ahora nuestra  




Nená de la Torriente

lunes, 29 de mayo de 2017

Como puños... 


No necesito escupir al techo 


ni usar palabras lacerantes, 
revolucionarme, 
soliviantarte, 
o beberme una botella de vodka 
para sentirme entre los hábiles. 
No necesito leer como se abre la carne 
ni cómo se retuerce el gusano, 
maldecir o insultar a los mártires, 
apalear lo ajeno. 
Esta coprofagia absurda 
de presenciar badajas, 
de vitorear esperpentos, 
de recibir empellones 
en forma de perífrasis 
no es lo que necesito, 
ni que me tilden de santurrona 
los inmensamente infelices. 



Necesito tomarte a ti  
sólo a ti, 
como a la fruta prohibida, 

y rogarle a Dios 
que me arroje del paraíso.  



Nená de la Torriente


domingo, 21 de mayo de 2017

Mi yo es tu yo 

Ya no sé cuántas veces 
las estaciones 
han devorado los nombres, 
cuántos fueron los pensamientos 
que ahogaron los sargazos, 
cuántos sobrevivieron un instante 
convirtiéndose en oquedad. 
Demasiadas rutas clausuradas 
en este suicidio endémico.
No sé cuántas cancillas 
hemos dejado atoradas 
condenando a nuestros huertos, 
cuántos jardines orillamos, 
cuántas promesas abandonamos 
asfixiadas por el miedo. 

Apagamos la luz 
y no nos damos cuenta 
de que detrás de todo 
siempre hay otro detrás. 


Nená de la Torriente

sábado, 13 de mayo de 2017

INTERMINABLE 
Escribo como quien habla 
sin saber que le escuchan, 
a todos los ojos que no he mirado, 
a las imágenes que se me escapan; 
a los traidores, 
a los inocentes, 
al pueblo que se adormece y al que lucha; 
al olor del pelo de mi hija, 
al cazador de seres sin escrúpulos. 
Escribo al hombre que se conoce 
y al que se oculta, 
a los reinos, 
a las naciones,  
a las aldeas más chicas, 
al ladrón de los ladrones 
y al fanático idiota. 
Escribo a los imposibles y a la rutina, 
al ignorante de sus miedos, 
al que vacila, 
al que se arroja, 
y al que doblaron su peso 
con inmerecida gloria. 
Escribo al que se gusta 
y al que se desprecia, 
al que utiliza conceptos, 
al que los abandona; 
a la feminista, 
al machista, 
y al sensato ser humano 
que vadea entre sus mundos. 
Escribo al que cree en Dios 
y al que le niega, 
a todas las re-ligazones, 
al vivo y al que yace,  
al monte de miserias 
y a su jardín de luces;
al psiquiatra que se encuentra 
en sus dolientes, 
a la aliviada y oscura viuda, 
al que ama sin saber que lo hace 
y al que nunca ha sabido amar. 
Escribo al egoísta y al que todo lo ofrece, 
al subido en el altar de los merecimientos, 
al despechado, 
a la niña, a la mujer, a la vieja, 
a la pequeña quima 
que aún no sueña con ser sapino; 
al que no se encuentra 
y al que no se mira, 
al galán enamorado que se piensa poeta, 
a la bruja de tres escobas, 
a la madre abnegada y al hijo hipócrita, 
al cuarto y mitad de hombre, 
al ser extraordinario. 
Escribo para abrazarte, 
para abrazarme, 
para saber que pertenezco a este sitio; 
a los corazones que se piensan, 
a las mentes que se extravían, 
al acomplejado que se encumbra 
y al humilde ensombrecido, 
al que niega el talento, 
al que alaba lo absurdo. 
Escribo al niño que sonríe a otros niños, 
al que se abraza a sus juguetes, 
al hambre que mata venideros, 
a las carencias y a los excesos, 
a los soldados 
y a los que levantan edificios;  
a las maneras abiertas, 
a las cerradas, 
al amable y al penoso, 
a la primavera rabiosa, 
al amor, al odio. 
Escribo al que escribe 
a éste y al otro lado del mundo, 
al que medita, 
al envidioso y al espléndido, 
a todas las lenguas y a todos las bocas, 
a la mentira más absoluta 
y a los miles de millones 
de certezas; 
a lo que me queda, 
a lo que te queda 
y a todo lo que dejó de existir. 

Nená de la Torriente