viernes, 6 de noviembre de 2020

MARTES CARGADOS DE SÁBADOS


 Tú como tantos no pasas para quedarte 
y eso no me aflije, 
todo queda en una mala siembra de memoria, 
en textos no escritos sobre pozucas de agua. 
Tú como tantos eres en ti 
como todo se contiene en sí mismo, 
la medida exacta de tus ojos-espejo  
ladrones de la belleza de este mundo. 
Tú como tantos llegas en tu reinado silencioso 
y el gris desaparece o reaparece, 
y parten los olvidos de dos en dos 
en filas simétricas 
rozándonos los hombros desnudos. 
Tú como tantos te has parado frente a mi puerta  
y tenía que ser ahora y no antes, 
porque tal vez te has llevado un aroma, 
el color grato de este o aquel pétalo, 
el descanso en alguna parte al que llamar sin nombre, 

y yo me alegro por eso. 


Nená de la Torriente 

martes, 25 de agosto de 2020

                                                                                                                                                                                                                                       


   n puedo hacerlo 

sonrío al acariciar mi piel 

al escribir la imagen soñada 

la imagen esquiva 

No echo de menos mi espalda 

entre la multitud 

sí el olor de las tardes de junio 

y el calor sostenido en la boca del cielo 

tan cerca y tan lejos de mis yemas 

Aún me atrevo a aprender 

las palabras sin trampa 

soberbias 

como todas las cosas soberbias 

en este mundo 

y a poner la nariz sobre los cristales 

aquilatando cada gota 

que exhala mi cuerpo  

Aún puedo hacerlo 

 pregunto al Dios de las pequeñas cosas 

si las grandes están reservadas para mí 

si jamás lo estuvieron  

y si el amor hará alguna vez la maleta 

para quedarse conmigo 

Y espero 

espero con paciencia 

que una voz generosa responda 

al final de cada verso 

y que desee invitarme 

a cualquier porvenir 


Nená de la Torriente 

                                                                     

lunes, 15 de junio de 2020


Háblame aquí, ahora, 
con este aliento desadormecido,  
sin enemistades íntimas, 
sin vacíos llenos. 
A este lado del mar 
duerme la esperanza  
sin optimismo,
la ilusión, sin valimiento. 
De tanto desatar los nudos 
aprendimos a odiar la propia cuerda. 
Trepa conmigo, aquí, ahora, 
que la arena borra el camino del ojo,  
esconde la idea buida, 
ocupa con algas todos los claros. 
Salgamos de aquí, ahora, 
de estas dunas y sus mil cañas, 
de este pandemónium 
tan de nuestras lenguas. 
Volvamos a nacer, aquí, ahora, 
sin tiempo de perseguir ostentaciones, 
tú y yo, en brevedad consciente, 
débiles inmunes 
al pecado de los otros. 
Todo lo que haga falta para ser feliz, 
aquí y ahora. 




Nená de la Torriente 

jueves, 21 de mayo de 2020

Pensaba en esto y en aquello, esto eras tú,
y tú seguías siendo aquello...


Tanto buscar y la vida es esto, 
un segundo detrás de otro 
casi imperceptible. 
Pleno, 
sencillamente pleno. 
No hace falta levantar edificios 
humildes o desmesurados castillos, 
ni rodar más deprisa 
que las ruedas de los carros. 
No necesito que me lleves a las Hébridas 
para tomar un whisky, 
ni que reinventes primaveras 
en edenes bíblicos. 
Puedo contarte lo que siento, 
eso necesito, 
puedo compartir mis contiendas, 
eso necesito, 
puedo dormir a tu lado. 
Cree en mí como yo te creo, 
como creo en la noche, 
en el yunque, 
en el rayo sobre los montes, 
como creo en el tímido sonido 
bordeando lo que apenas distingo, 
en el amor hacia los débiles, 
en lo hermoso, en lo cotidiano. 
Siénteme en ti como yo te siento, 
como siento la soledad enganchada 
a mi camisa, 
a la flor 
que ha de llegar cada primavera, 
como siento mi voz cuando hablo sola, 
al sonido del agua en todas sus versiones, 
como advierto en brote a las pieles. 
Y es que la vida es sólo esto, 
un segundo detrás de otro 
casi imperceptible, 
alejado de ninguno y al abrazo de todo, 
y pleno, 
sencillamente pleno. 

Nená de la Torriente 

lunes, 13 de abril de 2020


Me da hambre ese puñado de hojas 
en tu pared. 
Tal vez en otra vida fui insecto. 
Tal vez lo fuiste tú, 
tal vez lo fuimos. 
Hambre de insecto que siente hambre, 
si miro ese puñado de hojas 
que ahora cuelgan de tu pared. 
No todo es tan abril y tan verde, 
ni tan gris y tan enero, 
no todo es como tú imaginas. 
Te vi llover, fuiste lluvia y te oí lloviendo, 
me produjo tanto dolor de planos, 
tanto dolor de curvos, 
tanto dolor en los ángulos 
que creí encontrarme el alma. 
Me quedé colgada de un pie 
en un balcón imaginario, y el otro 
pendiendo de un rabo de neblina. 
Y ahora mírame, pulgón o mosca blanca, 
mirando con absoluta avidez 
ese puñado de hojas en tu pared, 
todas verdes, y todas solas. 


Nená de la Torriente