viernes, 24 de marzo de 2017


No todos los días ni a todas horas, 
con el nido que reclama el pájaro 
o la libertad sus alas, 

la paridad no desaparece.

El día, su espalda negra. 
El terciopelo, el percal, 
la atocha sobre la piel malévola. 

Las cosas han de venir ondulantes
como el agua sabe traerlas. 

Si le preguntas al árbol
tal vez te responda la grieta 
(a veces insobornable) 
y si a la nube,
la hacedera más común 
en su lecho familiar. 

No todos los días ni a todas horas 
se habla hacia adentro, 
se ríe hacia afuera;  
nos subyuga el amor  
o no nos llega 
y se emancipa el dolor en ésta  
o en otra jungla. 
               


       Nená de la Torriente.

domingo, 19 de marzo de 2017


Me dicen que la soledad es esto,  
eso que se cose a la belleza, 
aquel pueblo o ese otro 
donde todos los carros surcan. 
Que vive en el bache del suelo, 
en la ceja enojada que busca a la tierna, 
en lo exotérico y en lo inaccesible, 
tan extraño, 
que ni se le puede dar un nombre. 
Me dicen que no son las cruces, 
ni las dudas, ni los rompecabezas, 
tampoco una voz familiar 
de la que uno logre deshacerse. 
Golpeo el cosmos 
-hoy caprichosamente cuadrilongo-,
le pateo 
con todos sus caminos y todos sus carros,
sus delineados "acepto" y "es lo correcto", 
el modo light, el natural, 
la luteína, los omegas buenos.
Me río a carcajadas de esta Nueva Era 
que llaman de luz sin entenderla, 
y de esa otra casi blasfema 
con fórmulas siempre rentables. 
Miro hacia adentro y sólo veo lo de afuera, 
un sol de escándalo, la posibilidad, 
el amor, el riesgo. 

Vivo.  


Nená de la Torriente

jueves, 16 de marzo de 2017


Toda esta 
manifiesta turbulencia 

tus ojos nómadas 
vadeando mis ojos 
de arroyuelo en arroyuelo  

entre hontanares y vientos 
flores   picos de roca mutilada 
anteayeres de melcocha 
indigeribles 

La determinación del mundo 
en este instante 
siempre hoy   ahora 
con sus muchas ausencias  

Todo esto   mis labios
mis hombros dulces 
mi montaña de pieles 

esta sábana con ondulaciones 
indescifrables 

Fibrilaciones repentinas 
el suspiro ¿cuál de tantos? 
Carne de mujer dormida 
perdida   postergada

Otra carencia de amor 
sin epígrafe 




Nená de la Torriente

lunes, 6 de marzo de 2017


Ya no existe el miedo 
pequeño histrión del cosmos. 
No seas tan indulgente, 
tan mártir, tan villano-malviento 
o tan prócer que adormezcas 
en cualquier letrina de filólocos. 
La letra no enamora tanto 
como una sombra bien asistida 
o como una silla mecida 
en un solado amable. 
No hay nada más, nada. 
Se acabaron las excusas, 
el puño alzado y la cultura 
del cuadrúmano torpe 
lejos de su cueva.  
Despatríate del ejido 
y de los comunes, 
de los que lamen la punta 
del lapicero,  
y de los Enormes con su miedo
a ser destronados. 
Apártate de la locura como coz, 
de su condonada garganta clueca, 
de la opinión de éste o aquel sin apellido  
vuelve 
(por favor vuelve) 



Nená de la Torriente

miércoles, 1 de marzo de 2017



Espera, 
llegaré despacio. 
Soy el ratón libertado 
dormido en el trébol verde,  
abandonado en el desmayo
de su incomprensible gozo. 
La niña que de tanto saltar 
piensa que andar es lo mismo, 
el perro que sólo anhela 
¡tarta de albaricoque!  
Soy la noche 
que exuda linfa  
de un océano que no existe, y 
el papel que no se quiere 
arrugando sus cuatro vértices. 
Espera, 
aún no he pronunciado mi nombre, 
aún no sé si viviré mañana 
en lo alto de una acacia, 
¡graciosamente ensartada
entre sus muchos pinchos! 
O tal vez vuele como un pez,  
de cabeza chata y 
escama al aire,  
amante de lo elevado  
y sus culminados zarcos. 



Nená de la Torriente