domingo, 17 de abril de 2022

 

Aún no sé si puedo escribirte, 
tengo el alma entumecida,  
encepada 
en cada uno de mis dedos. 

Desde qué mirada liberarte 
no lo sé, 
como no sé si lo que ahora veo es real 
 o soy yo quien pierde fronteras. 
 
                           Todo era legítimo entonces   
entre aquellas dos trenzas, 
cadenas seguras a las que convertir en alas, 
remos, velaje, ¡diluvios!  

Barandillas altas con las que alcanzar el cielo. 

                                ¿Dónde te fuiste? 
¿Dónde poder llamar al abandono por su nombre? 
¿Dónde esa mirada dulce facturó en negruras? 
¿Por qué me cuesta tanto ya verte? 

Nená de la Torriente

miércoles, 19 de enero de 2022


NUR

Le atrapó un verso,  

un espacio silencioso entre corchetes. 

Se encomendó a la sombra del poema, 

a los pies del descollante, 

hasta sentirse cómodo.  

Dibujó con el dedo 

la sublimidad de lo más nimio, 

tan ínfimo, tan tardo, tan contingente. 

Nadie más pobre 

pero nadie más feliz. 

A salvo 

dilapidó las palabras 

tabicando los silencios.  

Nombró uno a uno a los recuerdos 

consciente de su engaño, 

el bello vaivén de lo intangible. 

Nadie más oscilante 

pero nadie más feliz. 

Bromeó con el llanto, 

con el atropellado modo 

de vivir deprisa. 

Miró de reojo a la lluvia 

como si pudiera zafarse, 

a sus viejos zapatos, 

a sus manos vacías, 

y se sonrió. 

Estaba a solas con su mundo, 

sólo entre millones de universos. 

 

Nená de la Torriente