Nunca queda poco tiempo para reír.
Te propongo no rendirte,
que mil ventanas
y dos luceros para atravesarlas todas
es una fiesta.
Sólo somos instantes,
poco importa el pulso o la cadencia,
si quevedos hechos de lágrimas
también realidades únicas,
una mueca fugaz pero mágica
que puede hacerte sonreír.
Te propongo ver el amarillo que aún queda,
siempre ocupante y vecino,
que los áureos están pasados de moda
y la luz es generosa
cuando muerde el día,
y cuando se aleja
despliega aruspicina.
Yo me propongo buscarte,
buscarte siempre
por todas las habitaciones,
arriba, abajo, detrás de las cortinas,
apartarme del pesar
y de las heridas
para llamarte por tu nombre.
No te estorbes más con melancolías,
no vuelvas al gris,
no retrocedas.
Nená de la Torriente

Tu texto funciona como un mecanismo de precisión: expone con una claridad brutal aquello que ignoré.
ResponderEliminar