domingo, 25 de noviembre de 2012


-A los cansinos-
 
Hay personas aburridas, 
muy aburridas, 
terriblemente aburridas. 
No son personas grises, 
son soporíferas, tediosas, 
sus sombras parecen interminables, 
se alargan más allá de las esquinas 
que ves a lo lejos, 
las mismas que quisieras doblar 
para escapar de ellos. 
No es que sean unos ‘sin sangre’, 
pueden ser nerviosos,  incluso activos, 
con algún tic en el ojo,  pero su parlamento 
o su actitud ante las cosas 
es tan previsible,  tan presumible, 
tan sumable,  tan inapetente al frenesí 
y a la curiosidad exaltada, 
que una vez iniciada la disertación 
te asalta la modorra indiscriminada, 
incorregible e ineducada. 
Y si haces muestras de valor 
y aguantas como un clavo la embestida, 
tu cuerpo se queda aquejado del trastorno 
del prófugo,  que está pero no está, 
y no sabe decir exactamente dónde ha estado.



Nená de la Torriente