miércoles, 31 de octubre de 2012

-La clase-



Existe la clase,  un término feo 
por el uso. 
La clase es esa condición y carácter,  gentileza 
que no busca oportunidad en los gestos. 





El elegante lo es,  con independencia  
de lo que tenga,  de dónde haya nacido, 
de que sepa leer o escribir,  o que conozca 
a Leibniz o a Walter Baade. 
Un elegante no tiene complejos,  no conoce 
la envidia,  y si la conoce jamás la muestra. 
Es generoso,  siempre correcto, 
nunca mostrará ese rasgo de vanidad que 
tal vez oculte 
y tendrá una sonrisa dispuesta. 
Hasta enfadado,  su enojo no será venenoso. 
La clase se ve al caminar, 
al coger un vaso,  al ladear la cabeza, 
al reaccionar ante una pregunta hostil, 
al recobrarse ante un halago, 
al aceptar un regalo 
y al recibir una reprimenda. 
Cuando encuentras al elegante
es descubrir un lienzo fantástico, 
tus ojos se pierden en sus gestos, 
no necesariamente en su inteligencia, 
pero es un encuentro para no perdérselo 
y para aprender al detalle. 

-No son las formas,  es el fondo de esas formas, 
la suma de las dos cosas- 




Nená de la Torriente