sábado, 6 de octubre de 2012


-¿Hipando?-

En una realidad sin verbos 
cuando alguien no apuesta por ti 
siempre tapa sus cartas, 
como si fueras una amenaza. 
Ese es el primer error que comete. 
Me encanta la prudencia, 
el hombre callado de sus cosas, 
pero si te diese la mano, 
que te la dé entera, 
no la ofrezcas para no darla toda. 
Los mandamientos de cada uno son distintos, 
y hay cientos de religiones 
¿cómo llegar al término medio? 
Quizá por eso es muy difícil querer 
como quiere un hombre a una hembra 
o una hembra a un hombre. 
Lo desconozco. 
Mostradas las cartas,  todas, 
con sus filos y sus reveses, 
entonces sí se levantan muros, 
esto para ti, 
esto para mí, 
de aquí no pases. 
Así entiendo que pueda llegar a quererse 
pero es difícil que alguien tenga un credo 
similar al tuyo,  una religión común, 
‘religazón’,  que es el origen de la palabra. 
En cualquier caso,  ya son cosas 
que se quedan lejos,  muy lejos 
o qué sé yo. 



Nená de la Torriente