sábado, 20 de octubre de 2012


A veces soy tan inexplicablemente feliz 
que me da la risa, 
porque no es cuestión de motivos 
-no puedo pensar,  ya que dejaría de serlo-, 
sino del impacto de una nada vital y agresiva 
que no importa lo que dure. 
Puede ser el olor de una planta, 
el roto de una nube sobre mi cabeza, 
las risas de una pareja en un banco, 
los rayos de sol partiendo un cielo negro, 
una sonrisa inesperada. 
Alguno en su racionalidad métrica 
podrá pensar en tornillos sueltos, 
en un mecanismo defectuoso, 
en una posible bipolaridad. 
Yo les digo que sigan pensando, 
que permaneceré desafiando a las horas 
y cuando sienta,  y sienta así 
seguiré suspendiendo la sensatez. 



Nená de la Torriente