miércoles, 26 de diciembre de 2012



Lo que me das. 
Lo que otro me quita. 
En medio yo. 
El agua. 
Desaparezco,  aprendo 
como la lágrima hace
su recorrido. 




No permanece en ninguna 
parte, 
o no está el tiempo necesario 
para dejar huella. 
La sal al secarse cae sola, 
no queda recuerdo, 
no queda nada,  y 
nadie me duele -miento- 
y a ninguno puedo dar mal. 
Nadie me sufre 
ni sostiene mis cruces, 
a quién importo. 
Así lo elijo, 
pero cuando estoy 
amo,  y amo sabiendo que 
el amor existe, 
y aunque lo niegue cientos de veces, 
lo que doy siempre es verdad. 
  


Nená de la Torriente