domingo, 23 de diciembre de 2012


La sorpresa, 
esa extraña fascinación 
que enamora al ojo. 
La inesperada visita. 
Todo lo que no supones 
y llama a tu puerta 
con sopapina de pellizcos, 
gratos uno a uno 
estimulándote a contemplar. 


En un lapso diminuto 
eres raptado, 
sometido por la belleza. 
No tienes nombre 
ni apellidos, 
no conoces la voz ni el verbo. 


Eres engullido 
por la memoria de algo 
que no eres tú y que desconoces, 
estás pero no estás, 
y en tu mente dibujas algo 
parecido a lo que miras.
Después sonríes, 
y un segundo después 
sigues andando. 




Nená de la Torriente