lunes, 27 de febrero de 2012


Seamos verbo,  no carne, 
levedad viva,  no 
peso de pasión tumultuosa. 
Exhalación de magnificencia, 
expresión de otro firmamento. 
Después volvamos a la mano, 
a sus dedos, 
despacio,  muy despacio, 
como quien no recuerda 
de qué mundo regresa. 
La mente ruborizada 
no entiende dónde ha  estado, 
en qué estación paró 
y qué vieron sus ojos. 
El cuerpo,  siempre insignificante, 
le toma la delantera 
con un generoso escalofrío: 
¡Tonta! –Le dice- Has gozado. 

El verso es la vena más antigua 
que une el cielo con la tierra. 






Nená

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