lunes, 15 de julio de 2013

La arena de la playa y la mar 
no siempre se llevan bien. 
Al anochecer,  la arena quiere dormir, 
y la ola se siente charlatana, 
y burbujea fuerte para que no descanse 
la dorada,  ahora gris. 
Se une a la redonda de plata y se cuentan 
cuentos toda la noche,  de esos donde no 
salen princesas ni sapos que se besan, 
y la arena se apelmaza y se enoja. 
'¡Callad,  locas,  siempre revoltosas 
criaturas nocturnas! 
¿Y tú ola, por qué no hablas más 
por el día cuando llega el niño orondo 
con el flotador de rueda?' 
La ignoran,  creen que es una ceniza. 
Ellas montan sobre caballitos de mar, 
ríen jubilosas,  cantan canciones de marinos, 
y salpican a la arena tantas veces 
como la ven cabecear. 




Nená de la Torriente