jueves, 30 de agosto de 2012




Estás en mi fábula, 
como está la ardilla inquieta 
de la antigua Península, 
saltando de copa en copa. 
Yo soy un arbusto bajo de hoja 
perenne,  que mira todo 
sin incordiar demasiado 
-estoy siempre en medio 
como un fisgón soportable- 
El águila planea los cielos 
con una perspectiva oblicua. 
Tú duermes en la cueva 
porque eres un oso perezoso, 
es invierno para ti, 
eres el anfitrión del sueño. 
Papá y mamá son el viento 
y la nube,  a veces ciñendo 
mariposas, 
a veces formando nubarrones. 
Una a una cose las perlas de lluvia 
la margarita,  esperando 
poder no esperar nunca; 
y la rueda de la brisa forma 
pétalos perdidos para el cuello 
de la comadreja. 
Cuando se hace el silencio 
algo se anuncia,  pero sólo 
la encina conoce su idioma. 
Yo quería saber porqué callabas 
tanto,  qué decía tu afonía, 
y por fin comprendí. 




Nená de la Torriente

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