sábado, 17 de mayo de 2014

-Y el verso me dio su queja-

Sé que me mudas, 
me subrayas,  me tachas, 
esclareces,  dibujas, 
marcas los cantos y las fuentes 
de todos los poemas. 
Sé que abres las cortinas 
y aireas las estancias, 
para que escapen las vocales 
gritonas hasta la plaza 
y regresen colmadas de voces. 
Sé que ni dormida me dejas 
descansar del nacimiento 
de este despertar de nuevos versos, 
y no es que me enoje, 
pero agotas mi resuello y el destilar 
de las aguas, 
y cada día parece más transparente. 
Sé que me necesitas y te aferras 
a los hilos de las letras 
como marionetas vivas, 
y quieres contar,  y llegar más allá 
de donde la palabra puede, 
pero no siempre le dices dónde 
ha de ir y se queda dormida 
a pie de cualquier coma. 
Así que déjame descansar un poco 
en la estantería 
junto a mi familia numerosa, 
o tal vez dormitar un rato en tu mesilla 
aunque no apagues la luz 
y ni siquiera sueltes tu incansable lapicero.





Nená de la Torriente