domingo, 18 de mayo de 2014



En este paraguas caben 
los que aún creen en la magia. 
El embrujo de emerger en un mar 
de espumas,  burbuja inocente, 
cuando el cielo descarga su tormenta. 
No conduce ni encauza un único 
pensamiento, 
ascienden con ángulos traviesos 
aquellas ganas de vivir despreocupadas, 
donde un pedazo de pan duro 
es un barco que devorarán los peces, 
o los cuatro brazos cruzados 
formarán el trono más real que existe.            
Si la fascinación desaparece, 
se acaban los juegos, 
enmudecen las risas 
o se desgajan las ganas de seguir haciendo 
barcos de papel y 
castillos con esas tormentas 
de lo contrariado. 
Y así,  
quién va a poder andar sobre 
las olas, 
y quién sabrá cubrirse de las tempestades 
sin no parecer un ruinoso 
condenado a hundirse bajo las aguas. 




Nená de la Torriente