viernes, 16 de mayo de 2014


Lo que sentencian las flores 
no es más que la vida, 
esa que atrapa al volapié 
al insecto 
que las liba 
en vuelo constante. 
Hoy ya no hay clemencia 
para el triste, 
que se queda arrinconado 
en cualquier pared 
arañando tímido un símbolo 
ilegible. 
Ha salido el sol 
y el color ha llenado todas 
sus escalas,  
como quien recorre 
las teclas del piano 
con una sola uña. 
El viaje de vivir está empezando 
hasta para el que orilla su suerte 
en cualquier andén. 
La vida ha abierto su maleta llena 
de sorpresas lumínicas 
y desiguales, 
y nos ha gritado a todos un 
¡Seguidme! 
Ya no hay perdón para los pecados 
ni una raíz estable. 
A retales de amor se construye 
la amanecida, 
a retazos las palabras grandes. 
Todo es un amasijo de partes 
de lo tuyo y de lo mío 
que no sabe de exiguos 
ni de sobrantes. 




Nená de la Torriente