viernes, 9 de octubre de 2015


La miro caminar como una araña 
pestañeando el suelo, 
a ratos fumar a escondidas 
de dentro hacia fuera 
quemando los restos de memoria 
que le quedan envueltos para un mañana. 
Ya no sé si es amiga o enemiga, 
venenosa, de picadura mortal o 
bendecida, 
de agua santificada en los pórticos 
en tardes impares de plenilunio. 
Otras veces pimpla licores 
con la generosidad 
que el café Caleta calienta 
al pescador sin sus redes 
o exhala agua de flores 
del manantial de la Hermida 
limpiando heridas y otras lesiones,  
sin más etílico que lo espiritual 
(que no espirituoso) 
Ya no sé si es quien dice, 
ya no sé si está acabando su periplo 
de verdades  
o si dijo alguna, 
si mintió en su petición de principios 
o me pareció que lo hacía, 
si gestó al ángel o al demonio, 
si prevaricó dándonos un nombre 
de sí misma durante un sueño 
en el que nos confundió a todos. 
Ya no sé, 
pero lo cierto es que la vida 
siempre nos gana por una manga. 
No se ve vencida, 
la acordelemos por la mañana, 
la queramos destruir por el día, 
nos toque los pies con cada noticiario, 
nos endulce con cada sonrisa, 
amamante al vil con su propia linimento, 
encinere al justo de la forma más acanallada, 
atrape al casado que quiere ser liberado 
libere al preso que no suspira. 
Me da igual las doladeras que levante 
si es esquiva o es cautivadora, 
fulana o madre amantísima y sanadora, 
la vida es el pliego de todas las cosas, 
De todo es el pliego La Vida.
Es la estación de todos los trenes,
la mano que todo lo subyuga 
y me duelen los ojos 
de tanto ella. 




Nená de la Torriente

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