miércoles, 11 de noviembre de 2015

El baquiano y su aprendiz


Ya me temías cuando en brote 
borraba la lisura del barro 
y en promesa me iba retorciendo 
con la alegría de un nudo que se abre. 
Me temías cuando no había asomado 
mis pétalos, 
desconocías mi aroma y mi fruto  
y si mi tallo podía lastimarte 
con aguzadas espinas, 
o atraparte en una suavidad 
lenitiva para todos tus males. 
Ya me temías cuando no sabías 
cómo llamarme, 
y cuando decidiste cómo 
sin conocer siquiera si sería.  
Me temías lejana y atrapada en un suelo, 
expuesta a inclemencias 
y a voracidades de minúsculos infinitos, 
callada como era, 
sin ambición, 
aun sabiendo que jamás 
te robaría las piernas,
la voz, 
las maneras.  
Aunque no me otorgaran honores, 
aunque no me concedieran nunca menciones  
tú sabías bien 
que yo seguiría creciendo,
mis ramas por derecho y nacimiento 
tocarían el azul más claro,  
y hasta el último día
el sol me rozaría el rostro, 
pero a ti tal vez no,
y eso siempre lo echarías de menos. 



Nená de la Torriente

domingo, 8 de noviembre de 2015

El LIBRE 

La libertad no la tienen 
los que no tienen su sed.
Rafael Alberti



Todo le alcanza 
como un bote a otro se abarloa. 
Pierde la voz y le entra el pánico. 
Ve la muerte en cada repulgo de ola 
y sigue queriendo ser marino. 
Ama a una mujer mitad sueño, 
mitad calamidad.
Besa sus pies de escamas 
y en un coma lesivo va del beso 
al vientre sin pasar por su inexistente sexo, 
una anaconda que vive en el océano 
a la que finge no adivinar. 
Su sed no está en el mordisco del aire 
en cada amanecer a solas. 
Regresa a él y se pregunta 
si todo lo que hace vale la pena, 
eso le mantiene cuerdo un día más, 
y así un día menos gasta la vida 
a su manera, 
como sólo él ha elegido. 


Nená de la Torriente

sábado, 7 de noviembre de 2015


Todo ha de ser fácil 
para que me quieras y 
¡oh! 
No siempre un hombre 
oculta sus ojos 
porque ha visto demasiado. 
A medio camino de ninguna parte 
no puedo mirarte, 
se me hunden los pulmones 
en una poza de arena. 
Me estoy perdiendo. 
¿Tiene sentido ya? 
Una vez pensé: 
`Me echo tanto de menos... ´
 Deliraba. 
Mis parpados son armarios en primavera, 
aireándose, 
pero estos oídos han escuchado 
miles de embustes 
¿hoy se puede emplear el término 
sin que te arda la lengua? 
Se ha roto la costura 
que contiene el epítome 
de mis sergas 
y el sonido de las aguas 
que tanto amo. 
Cada día me cuesta más reconocer 
los veracicuánticos 
por los que apostar,  
por eso me acerco a las aceras 
y a sus hervores insaciables 
a recoger los charcos con sus secretos mapas, 
pero no siempre estoy atenta. 
Estoy sola, 
voy a estar sola 
y estaré sola sin paparruchas 
ni codiciadas cobas, 
y felizmente desabastecida 
de mí 
para no acodarme en caprichos. 



Nená de la Torriente

jueves, 5 de noviembre de 2015

Así me duermes todo el tiempo


Cómo se alinean las costumbres 
para adormecer los pulsos. 
Así me duermes todo el tiempo. 
Sin cadencia las aguas 
cierran los puertos 
y las velas se suspenden 
como nubes frágiles. 
Se suceden los días, 
serenamente y casi plácidos 
entre el paladar y la lengua, 
sin oxígeno, 
ajenos a la melancolía y 
a la paz verdadera tras el grito 
y la víscera rota. 
Así me duermes todo el tiempo,  
aferrado a una bola de vidrio 
donde achicar distancias 
y apalear la palabra como a un perro, 
en un dominio aberrante; 
escapando de ese punto 
más allá del extremo del mar 
porque allí no puedes controlarlo todo, 
y es de eso precisamente 
de lo que se trata. 
Así me duermes todo el rato.


Nená de la Torriente

martes, 3 de noviembre de 2015


De nuevo el silbido, 
el aullido del infante 
con demasiados espejos. 
Pico y pala 
pico y pala 
pico y pala 
y la canción de siempre. 
El sembrado y sola la amapola 
en medio de mucho tallo macho 
que piensa que ella está de visita, 
y ha venido a pretender. 
Cuán poco misericordiosa es la breña 
que entre risco y arena 
sólo ve el viejo requiero 
de una canción nada legitimada. 
Cuánta mentira hemos mal alimentado. 
¿A caso crees ojos de agua 
que la amapola se fijó en ti? 
Pico y pala 
pico y pala 
pico y pala 
y ese aire absurdo tuyo
rechazando 
lo que sí vale la pena, 
su entrega como vara de zahorí 
porque ella puede llevarte 
donde no existe la presunción. 
Todo lo que a ti te está estorbando.
Pregunta o abrázala, 
pero no la juzgues. 


Nená de la Torriente