sábado, 28 de noviembre de 2015


Boca abajo se peinan las soledades. 

Nadie desea mirar como los cielos paren nubes 
en días soleados, 
y unos y otros cargan los ojos 
de ayeres verdes y de lozanías, 
con encuentros de tal vez un día 
como los relatos breves pero intensos. 

Si llega el temporal a la línea del ocelo 
fingirán que fue un contagio o un vértigo, 
o un mal soplo de viento, 
porque nadie quiere verse en un marjal 
del que no salir airoso, 
limpio, erguido, con un rostro al que recordar. 

Que si con el párpado se ahuyentan las mentiras 
habrá que afinar la expresión 
para no parecer abatido, 
porque nadie quiere que el eclipse le roce 
ni que se atreva a arruinarles la envoltura 
tan permeable para convencer 
a todo aquello que anda bramando por dentro. 

Pero a veces 
-sólo algunas veces-, 
las soledades se confunden 
y se peinan boca arriba. 



Nená de la Torriente

martes, 24 de noviembre de 2015

GORILA DE ESPALDA PLATEADA


Ahora pequeño humano 
qué de verdad tienes en el nombre  
Bla 
Qué en la mención a las estrellas 
Blabla 
Qué en el entusiasmo, la valentía, las ideas, 
el amparo que de noche ofrecías, 
la inocencia en tus horas de barbilla tocha 
buscando el origen del mundo, 
la ingravidez de la palabra mayúscula 
Bla bla bla  
Ya conozco al hombre, 
al gorila de espalda plateada, 
al umbral mismo de todas las cosas 
¡Me faltan ramas donde encararme! 
Porque seguirlo es tocar las estrellas, 
es el entusiasmo del niño que distingue, 
el amparo y el techo del ahora. 
La inocencia de las cosas im-posibles, 
 lograr ver con los ojos mismos 
y sus pequeñas órbitas 
como gravitan  
TODAS 
las palabras mayúsculas. 
Es la paz 
y la verdad misma. 



Nená de la Torriente

sábado, 21 de noviembre de 2015

Noviembre 


Le pregunté al maestro Wang 
qué era vivir, 
estar o ser. 
Contestó que si fuera estar, 
algunos estando no parecen vivir, 
y otros que ya no están 
partiendo hacia lugares 
que el hombre desconoce, 
regresan de manera que la mente 
del que permanece no entiende. 
Y si fuera ser, tendríamos que aceptar 
como vivo todo aquello que existe 
sea consciente o no, tenga espíritu 
o no le reconozca ninguno. 
Le pregunté al maestro Hao 
qué era morir, 
dejar de vivir o 
dejar de ser. 
Me contestó que había conocido 
muchos muertos vivos, 
que el alma es una suerte de fuerza 
que se escapa, 
y que si la muerte es un dejar de ser 
también muda la mariposa de gusano 
a lo que después resulta, 
y no transita en moribunda. 
Le pregunté al maestro Chen 
qué era el amor, 
un deseo diferente 
o la necesidad total del otro. 
Me contestó que ambas cosas él 
las había sentido repetidamente,  
y en ambas había entendido que eran 
formulas disfrazadas de egoísmo, 
y que debía seguir haciéndome preguntas. 
Y con una sonrisa cálida  
y el olor de flores de la Champaca 
se fue alejando como había venido. 


Nená de la Torriente 

miércoles, 18 de noviembre de 2015

LÍNEA RECTA








Ahora soy de todos. 
Una tela extendida para una larga caricia. 
Ya no hay tiempo escogido, 
ni estigma, 
ni un sólo dolor 
que cargar en mi cruz, 
o un pecado que librar 
en todas mis contriciones. 
Me he muerto 
en ese discurso de galletas con leche 
de un yo ambiguo y caritativo, 
amorosamente fiel a la enseñanza 
de que todo amor es la salvación 
sin tener en cuanta nada, 
sin ser de hembra-hombre 
y que conmigo no llegaste a entender nunca. 
Ahora soy de todos. 
Aurora y despedida, 
una copa de vino cuando la inspiración 
se esquina en curvas de banalidad belitre, 
teta en mesa bordada por madre 
que no gozó de padre, 
el sexo que no conoció el espacio  
del capricho sin reloj. 
Habito en un sobre 
de medidas inexactas, 
soy de todos 
y me he sembrado generosamente 
en la estación de todos los climas, 
en la mano que no juzga, 
en los ojos que no nacieron huecos, 
en el perdón de mí, 
no de los pecados del mundo. 
Y dejo atrás el castigo, 
el muerde hambres, 
el ataque por sorpresa, 
el yo te doy si me subes 
a tu buque de exuberancias, 
el esta boca te aclamará 
si me barres lo que me enreda, 
si me silencias al enemigo. 
Dejo atrás lo que no importa, 
lo que nutre la panza de malaventura, 
lo vergonzoso,
la escalera, 
la moneda y la plaquita en la puerta. 
Y dejo atrás al libertador de quincalla, 
al futurible de bengala, 
al gemelo de Laika en las estrellas, 
al visionario sin fe, 
al oportunista, 
a los que se jactan de ir 
sin haber bebido de su herida. 
Dejo atrás a los que fingen, 
los caprichos pequeños y los grandes, 
las figuras de plomo y las de esta era, 
las saetas de relojes que se ensartan 
en la vena más oculta, 
las medias mitades y las mitades enteras, 
el beso a medio dar 
y el amor a medias, 
el poema que se cuenta con los dedos 
y ese texto que nace para tapizar 
cualquier estantería. 


Nená de la Torriente 

lunes, 16 de noviembre de 2015


Este credo ha conocido las montañas 
a las que tanto escribes, 
el torbellino de aire que baila los ochos  
como infinitos que se siguen, 
la multiplicidad de las aguas 
desde las gotas más pequeñas, 
el amor desde la insumisión y la promesa 
uno primerizo y vacilante, 
parvulario, 
contenido en el espacio que el pulmón guarda
para la risa excitable.  
Este credo sabe de la rigidez por el regaliz 
antes de que entre en la boca, 
de la ternura por los besos con baba, 
de los juicios que mutan por otros distintos 
serenamente sabios, 
iluminando el cielo 
con la existencia de otros cielos 
más allá de su punteado en azul. 
Este credo sabe montar a caballo, 
a cuchos de espalda frágil, 
es capaz de viajar a volapié,  
sobre la anilla de un gusano, 
y si aprende 
sube a un carro blindado para entender 
dónde no deberá subir nunca. 
Este credo es mayor que lo que abarcan dos manos, 
mayor que lo que divisan dos ojos, 
mayor que lo que despiensan dos mentes, 
mayor que lo que desean dos corazones. 
Este credo es arma y laurel, 
sal y porción de tierra, 
signo de energía, talismán, 
remanso de calma y aliento para aquel 
que cree en él y no reconoce más santidad 
que la naturaleza 
y su perfecto equilibrio. 



Nená de la Torriente