martes, 3 de abril de 2012


Cuando pierdes 
una diminuta estrella 
te das cuenta 
de la luz que has tenido, 
pero la estrella se va. 
No llores nunca 
y piensa el tiempo 
que estuviste con ella, 
fue más de lo que otro  estuvo, 
y siéntete dichoso 
por todo lo que te dejó 
y aún te queda. 
No hay estrellas perfectas, 
hay hombres inseguros, 
temerosos de que la luz les eclipse, 
nunca esas uniones fueran buenas 
por mucho interés que se ponga, 
y por mucho dolor que se deje 
en el camino,  y sumisión,  y dejación, 
y lo que tú digas mi amor, 
y lo primero tú,  y fingir que eres idiota. 
No funciona perder 
el sentido de las proporciones, 
porque tarde o temprano, 
-siempre es tarde-, 
se vuelcan los botes 
y el peso se invierte, 
y arrastra la carga hasta el fondo, 
hasta desaparecer. 





Nená

¡Venga esa catarsis con vino! 
Que se lleve los demonios, 
los muertos, 
los sacrificados; 
esa lágrima enquistada 
que parece gozar 
en el canto del ojo: 
Caigo,  no caigo, 
me derramo esta noche, 
tal vez mañana. 




¡Venga esa botella! 
Que no hay nada más purificador 
que el néctar de la uva, 
una reflexión a medias, 
entintada,  con esa luz de carburo 
que se posa en tu frente. 
¿Quién es el visionario 
que luego no olvida? 
Es la catarsis perfecta 
que deja satisfecho al paladar. 






Nená

lunes, 2 de abril de 2012


Lo que siento 
sólo lo sé yo y una amapola endeble,  
que dura el instante que le arrebato,  
injusta de mí al cortarla. 
Quizá algún tenue eco 
bajo el agua,  
cuando en el mar me adentro, 
y en burbujas de aliento suben 
sin poder pronunciarlo luego. 
Lo que siento 
no le importa ni a la marea, 
que cubre las cuevas nuevas 
de espumas de grandes olas. 
Lo que siento 
es una línea cerrada, 
que puedo enterrar en la arena 
como una tortuga a sus huevos. 
¿Qué más dará lo que siento 
si soy una entre miles de millones? 





Nená

A ratos pierdes la fe
no por inconstante,
porque ya has vivido mucho
y el cariño es un coitus interruptus
cuando no apetece un sábado.
Yo te doy tú me das,
así funciona todo,
un vasto mercado de intereses
prácticos,
hasta el altruismo es cuestionado
por el placer que proporciona
al que se ha dado,
una lástima de perspectiva.







Uno sigue una estela dorada 
sin pecado,  sin santidad, 
tan natural como el beso con babas 
de un niño, 
y siempre hay alguien que te toca 
el hombro y te dice, 
‘baja al suelo pringada’, 
pero yo sorda,  ciega,  muda 
o impedida,  ignoro 
al que tan hábil maneja las verdades, 
que no es más feliz 
el que se cree integrado 
en toda esta gran caca de la vaca, 
que el que aún cree ciegamente 
en el ser humano.  






Nená

Busco tu voz 
en el sonido de las cosas 
y las cosas me devuelven 
su sonido intacto. 
Allí entre las rocas, 
el romper de las olas 
quizá me dé fonemas 
de tu garganta, 
pero tampoco esta allí 
tu voz. 
Puede que tenga 
que buscarlas dentro, 
en este pecho dormido 
de esperanza, 
pero tu voz es la llave 
para escuchar mi propia voz. 
Así,  poco a poco, 
van enmudeciendo mis palabras, 
como conchas arrojadas en la arena, 
vacías,  entre dos mundos hermosos: 
el mar en su infinito movimiento,  y
la arena en su infinita quietud. 

  



Nená