lunes, 20 de enero de 2014

-Torpes licencias-

-20 de enero, 
 un año más-

Sólo quería una casa pequeña, 
unas botas altas y una charca. 
Con tiempo haría un sembrado 
y empezaría por unas zanahorias, 
después lechugas,  y con unas ramas 
cruzadas plantaría los tomates. 
También un perro de lanas que se lanzase siempre 
a darme lametazos, 
y una buena cama donde dormir calentita. 
Cuando me sintiera alcanzada o extraña, 
o impotente ante los males del mundo, 
saldría a la charca a dar saltos 
y a gritar con todas mis fuerzas. 
Después un baño de bañera y a dormir 
como una marmota. 
Al menos ahora ese espíritu sencillo lo tengo 
en algún bolsillo de cualquiera 
de las chaquetas que llevo puestas. 
Porque no te cambia la vida que haces 
si tú no te dejas. 






Nená de la Torriente

domingo, 19 de enero de 2014

De  todas maneras 
siempre pensaré que fuimos juntos 
a la escuela, 
que era yo la que te llevaba los libros 
y la que trepaba primero a las tapias. 



Que me tirabas del pelo 
para quedarte con un mechón rubio, 
no para chincharme como decías, 
y es así como te imagino conmigo. 
De todas formas 
fuimos amantes en otra época, 
y en el paraninfo me dejabas subir primero 
para mirarme las piernas. 
Yo te consultaba sobre el libro robándote 
el espacio, 
porque tu aire era mi latido más inaccesible, 
y así nos imagino. 
De todas maneras, 
ahora estarás donde estés y yo de mil modos 
contigo, 
cuando te llevas un vaso a los labios, 
cuando repasas los tomos de tu estantería. 
En el primer bostezo y en el último, 
porque es así como lo imagino. 





Nená de la Torriente

sábado, 18 de enero de 2014



Miremos por encima de nosotros 
más allá de nuestras sombras, 
mucho más allá de la retina 
que nos ata al oscuro continente 
de la memoria. 
Intentemos mirar sin los ojos 
aquello que antes habíamos visto, 
como un enredo sencillo 
en un complejo Universo. 
Despacio,  muy lento, 
acerquemos las cosas a los labios, 
a la frente y hagamos que nos aprendan,  
que habitamos el mismo espacio, 
que somos parte de lo mismo. 
Ellas serán quien nos den un nombre 
-si quieren-, 
no seremos nosotros.




Nená de la Torriente
Me busco en el camino de Ceceñas, 
en el alto de Hermosa,
en la subida a Miera,
en el beso blanco de espuma de la larga 
Playa de Somo. 
En el faro,  en Chiqui, 
en los Peligros, 
y en los muchachos y muchachas 
que beben en porrón vino de coco. 
Pero sólo me encuentro desde aquí 
en el sonido de los maizales
cuando un coche rueda despacio
sobre los charcos, 
y cierro los ojos y escucho cómo se agitan 
las hojas perennes de los árboles, 
y siento que el calabobos me está mojando 
una tarde cualquiera por las calles de Liérganes. 





Nená de la Torriente

Ven a llevarme al paraíso. 
Somos una carta cerrada 
sin destino, 
dejemos que él nos busque 
si es que existe, 
pero entre tanto tú ven 
y llévame al paraíso. 

A la gloria de un labio sobre otro, 
despacio,  rozándose, mordiéndose, 
visitando el beso que nacerá del 
músculo como un estallido. 





Al empíreo de tus brazos 
amarrados a mi cintura, 
a tus manos regalándose 
a las mías, 
trenzándose en mi espalda 
oliéndonos el cuello 
como animales que se buscan. 
Guíame al paraíso 
pero cierra las troneras y los portones 
para que no volvamos a salir. 





Nená de la Torriente