martes, 23 de abril de 2013


El amor de muchos hombres 
es un estudio indiscreto y 
muy hablador. 
Aman con pasión ideas en papel, 
pero las aman con locura, las toman, 
las besan,  las agitan al sol y se estremecen 
con la idea que tienen de ellas, 
sus mujeres soñadas. 
Cuando aquellas se despegan del papel 
se sorprenden,  las siguen amando, 
pero la sorpresa es aún mayor. 
Ya no controlan solos su amor 
             ¡Interactúa!
Ellas se mueven solas,  aman y corresponden 
a sus afectos,  suben y bajan escaleras, 
              hacen y deshacen,
              son imprevisibles, 
no como aquellas dibujadas y amadas 
sólo por ellos. 
Entienden que éstas amadas son mil veces mejores 
pero les ‘alcanzan’,  les supera la situación, 
             ¿qué hacer con ellas?
¿Serán sus príncipes ahora? Sus dueños no. 

En el fondo era mucho más fácil amar en la distancia 
de un trazo perfecto o de una idea sin voz. 




Nená de la Torriente

lunes, 22 de abril de 2013


Sumamente restada 
queda tu pena en la mía, 
que la desgracia no quebranta 
este pozo de soledades, 
sino que las amalgama y las hermana. 
¡Haremos una fiesta! 
¡Una fiesta como nunca se ha visto! 




Porque se puede ser tan feliz a pesar 
de los pesares,  que da alegría estar vivo. 
Por mí que me quiten uno a uno los alfileres, 
y de la magia blanca sus dichos, 
aunque ya sus conjuros me los tengo conocidos 
como recetas de guisos rancios, 
y el mal de ojo 
y el ojo de mal agüero, 
que en esta balanza de soles y estrellas negras 
me vence el plato de luz. 
Y por mucho que te apenen las cuitas 
tráemelas que yo me las quedo, 
que ya las convertiré en frijoles con arroz blanco. 
Qué no pueden con nosotros, 
qué no pueden. 




Nená de la Torriente

-Hipo de lunes-

Los mayores,  como los niños 
hacen lo que les da la real, 
sin dar explicaciones. 
Los mayores si cabe con alevosía: 
‘Esto no me gusta,  ahí se queda, 
ya fui pequeño para tener 
que comerlo todo’ 
-cosa que no es verdad- 
No justifican nada porque son tarzanes 
de la selva y el ‘porque sí’ es 
una razón más que suficiente. 
Mirad al Marianín,  con su barbilla, 
media quilla de velero sin estrenar 
-que cada vez se escora más hacia la luna- 
Él no da explicaciones 
-que debe darlas por quién es y dónde está-, 
y lo llama prudencia,  como si quiere llamarlo 
flatulencia,  el caso es que hace lo que le da 
la gana como un niño consentido y zafio, 
que necesita muchos meses sin postre 
y sin videoconsola,  y sin calle,  y sin pelota. 
Los mayores me caen gordos, 
suelen agruparse para poder decir 
las mayores barbaridades,  al amparo del grupo, 
uno la suelta y agacha la cabeza, 
el conjunto responderá. 
Lo que entre niños era 
el ‘pío pío,  que yo no he sido’, 
pero éstos ya no son niños. 
Yo no es que sea solitaria,  es que respondo de mí, 
y no acepto que se escondan detrás 
de mi espalda, 
o pongan en mi boca palabras de multitud, 
porque entre la multitud siempre hay un gilipollas. 
-Eso,  siendo muy,  muy generosa- 




Nená de la Torriente



Verde es el color de la tierra 
de mis antepasados, 
donde reposan sus huesos 
y susurran sus memorias. 
Rojo el carmín de los besos 
ese que nadie aparta cuando 
hay hambre de fuego 
detrás de las plataneras,  o 
tras los eucaliptales. 
Azul es el intenso cielo de la mañana 
cuando lo barre el viento, 
y trae sonidos de hojas que runrunean. 
Amarillo es el color de mi vestido 
que el sol curioso quiere robarme, 
y juega a transparentarme la silueta 
con sus rayos por si siento vergüenza. 
Rosa es el color de las campanillas, 
diminutas y agrestes,  que se extienden 
por la hierba, 
parecen una congregación de hermanas 
que han dejado los hábitos 
y han decidido salir a recolectar el olor del mundo. 
Lilas son las trepadoras que suben 
por las tapias del cementerio, 
que borran la gravedad de la piedra esculpida 
en tanta lápida, 
creo que en algún lugar entre ellas y
la piedra, los difuntos sonríen. 
Marrón es el tronco de los frutales 
que vivos corren por dentro,  y si pones la oreja 
puedes escucharlos,  como gorgotean 
para llevar pitanza. 
Naranja es el color de la tarde que 
anuncia el recogimiento, 
cuando los enamorados y los inquietos 
salen a libar la luz. 




Nená de la Torriente

domingo, 21 de abril de 2013


No apiles tus papeles como 
cosas usadas, caducadas, 
que hay que dejar a un lado, 
no los apartes en las esquinas 
de tus ojos. 





Escucha sus voces,  chica de los ojos 
grandes,  escucha lo que te dicen 
en la arruga constante del barranco 
de la celulosa. 
Dicen que regreses a ellos,  que les enseñes 
a moverse,  que no los desampares 
que aún no están acabados. 
Se perderían neonatos 
entre pieles de plátano 
y desechos. 
Tómalos porque ya son bellos, 
ya saben hablar y ya han sido germinados. 




Nená de la Torriente