viernes, 22 de febrero de 2013

-Lo que no se percibe-


Dicen ¡cómo llora el sauce!,  
pero nadie dice cómo llora el río. 
Tanta agua ignora la gota que 
empeñada se cuela entre tanta hermana. 




Así se queja entre el murmullo ruidoso, 
la pequeña catarata que le ofrece una roca 
por donde pasa desapercibido su llanto,
y más que eso, 
el lamento intenso que nadie escucha. 
Baja al mar como una epístola borrosa 
llena de quejas,  llena de cuitas, 
y nunca nadie tuvo noticias, 
no hubo botella,  ni palma abierta, 
ni voluntad. 



Nená de la Torriente



Si te dijera que ésta es la última carta 
que le escribo no me creerías, 
como no creen los hombres 
en los ángeles; 
pero acuérdate de cuando eras niño 
y de cómo eras capaz de creer en cosas 
increíbles,  y préndete ese alfiler. 
Si hablo de él es porque lo conozco
y es fácil no salir de lo que es tan querido. 
El suelo es firme,  el pasado es mío 
y todas las sensaciones. 
Puedo crear imposibles o posibles futuros 
y bailar sobre estrellas con interruptor, 
hasta habitarlas un par de meses 
si se me antoja. 
Hasta puedo besar con los ojos abiertos 
los rostros de personas que he conocido 
y que no he conocido, 
y jugar a una ruleta rusa 
y verme muerta. 
La potestad del que crea no tiene límites, 
ni la misma palabra conoce su contradicción. 
Soy tan libre que hasta el mismo aire 
es menos libre cuando escribo. 



Nená de la Torriente

-Hipo de viernes 22- 

El caso es estar airado 
será cosa de la sangre 
o de la mala alimentación. 
Que sí,  que el país está como está 
pero tu aire no va a levantar a los 
mangantes y a sacarlos del planeta. 
Qué quieres ¿qué te lo pinte de rojo? 
No sólo tú te das cuenta, 
no sólo tú estás en contra 
y no sólo tú te estás movilizando. 
Lo que ocurre es que hay muchas maneras 
y perdiendo la voz con el grito desgarrado 
sólo consigues eso, 
quedarte afónico. 
La cacerolada y el pataleo le sirven 
de pancarteo a un político o a otro, 
y yo no juego a hacer bulto para ninguno de éstos, 
no me merecen ningún respeto. 
Señores,  la clase política ha muerto, 
y yo no tengo ropa para ir de luto 
ni ganas de llorar a estos difuntos. 



Nená de la Torriente

jueves, 21 de febrero de 2013




Acercarse a ti, 
es aproximarse a una rosa, 
cautivarse una milésima de segundo 
con su olor,  y ser arrastrado 
hacia las puertas de la rosaleda. 






Es saber de antemano, 
que vas a tener una milésima de segundo 
lo aromático y más arrebatador 
para caer después al vacío 
en un eco sin pausa, 
ronco,  de garganta y lengua rota. 
Acercarse a ti 
es saber que en nada estaré muerta, 
pero habré sentido el perfume 
más embriagador de todos. 



Nená de la Torriente 

-El idioma de las cosas-


El idioma de las cosas 
lo conoces tú y aquel señor bajito. 
Los demás lo vamos comprendiendo 
con gestos,  signos,  maneras maquinales. 
Todo guarda cicatrices,  lesiones antiguas, 
vestigios sin voz. 
El testimonio genuino,  ‘la palabra hecha’, 
el lenguaje de cada cosa,  poeta, 
ese le dominas con disposición, con el talento 
y la habilidad propia del eterno 
observador. 

Bueno tú,  y ese señor bajito. 




Nená de la Torriente