lunes, 3 de febrero de 2014

¿Ya qué día es hoy? 



Ha querido la luna decirme al oído 
tu nombre, 
la misma luna que no veo, 
pero que arrastra mi pecho hacia ella 
como levanta la marea. 

¿Qué hace tu nombre en mi oído? 

Un intenso olor a lila me recorre 
el cuerpo,  trepa burlonamente desde 
los tobillos enredándose en los dedos 
pintados de marrón oscuro con brillo de caramelo. 
Cuando llega a las rodillas me río, 
pero el aroma de lila me ignora y sigue subiendo 
hasta moldear mi pecho,  como si hubiera sido 
de siempre su jardín de todos los juegos. 
¡Ya basta!  Le grito. 
Es tan atrevido… 
Pero ya llega el perfume a los labios, 
sujetándose en mi pelo 
y consuma un beso perfecto 
de ternuras infinitas 

¿Esto me está ocurriendo? 
Tu nombre, 
tu nombre, 
tu nombre, 
es lo último que recuerdo. 





Nená de la Torriente

domingo, 2 de febrero de 2014

Ten a bien borrarme el hondo 
de las huellas, 
para no atrasar a otro 
-le guiño a la negrura de la nube 
que presiento que descargará 
tras mi hombro. 
Ella parece que sonríe, 
como quien ha escuchado eso 
muchas,  muchas veces-

Qué bello es el cielo cuando amenaza 
lluvia,  qué espléndido, 
como si pudiera lavarnos a todos, 
calles,  plazas,  al mismo océano con su lengua 
de sal que nunca duerme. 
Ojalá pudiera limpiarme entera, 
repetir curso con ese acto. 
Que en el reguero de agua se vaya todo lo malo, 
que se lleve el caos y el mal ajeno, 
el dolor que he proporcionado y el amor 
que no he sabido entregar. 





Nená de la Torriente
Si se los lleva el viento 
por qué escribir en papeles, 
mejor escribir en tus labios 
las palabras verdaderas, 
y en las curvas de tus manos 
todos mis defectos. 
              
              ***






Yo no esperaba un autobús 
hasta la próxima esquina, 
o hasta la esquina más próxima 
a cualquier boca de metro. 
Salí a buscarme 
y no pensaba en la vuelta 
y aún sigo con esto; 
por eso me distraigo tanto 
pensando en lo que no quiero, 
no vaya a bajarme en marcha 
en cualquier número partido, 
y errada  
cometa una equivocación. 


“Porque si tú no me das yo no voy a darte”, 
o 
“si tú eres luminosa,  terminaré yo siendo mejor”, 
o 
“si tu abarcas cuatro,  yo abarcaré diecinueve”, 
o 
“si a ti te abrazan,  a mi me comerán a besos”, 
o 
“si (…)” 


Lo he visto demasiadas veces. 






Nená de la Torriente

sábado, 1 de febrero de 2014

No es que nada esté en su sitio, 
es que el sitio es una huella aleatoria. 

Camino-señal-casa-bosque, 
¿lo quieres así para ser feliz? 
¿Servido? 
O acaso prefieres 
¿ bosque-señal-camino-casa? 

Y tú,  hombrecito, 
¿quieres una luz encima de tu hombro 
que te haga saber lo especial que eres? 
O ¿te conformas con conocerte 
en la finitud de tus cosas, 
hasta alcanzar -tal vez,  o no- 
la plenitud de lo que desconoces? 

Tanto buscar un hueco, 
un lugar en este mundo, 
que desprecias el espacio 
que ya estás ocupando. 

Eres.

¡Eres!





Nená de la Torriente
¿Para cuándo mañana? 
Yo te llevaría un ramo de amapolas 
y tú sonreirías por cómo 
languidecen en mis manos 
¿Para cuándo mañana? 
Como un dardo fijaría 
mi sonrisa en esos ojos 
que sonríen sin labios, 
y abrazaría los peces de colores 
de tu mente perpleja. 
¿Para cuándo mañana? 
Acercaría la playa hasta la M-30 
sólo para cenar contigo, 
y que en el sonido de las olas 
oyeses hablar a tritones y a sirenas 
con esa voz tan extraña. 



¿Para cuándo mañana? 
¿Para cuándo? 
La tenencia legítima de la risa, 
el cazo,  la carcajada. 
Los sueños nunca compartidos, 
siempre secretos. 
El amor a espuertas, 
de casa en casa,  sin aldaba. 
¿Para cuándo mañana? 





Nená de la Torriente