domingo, 25 de marzo de 2012


Nunca me has llorado 
como la tierra fértil 
llora al grano o el útero 
a la semilla. 
Mírate,  palabras,  sólo palabras 
con que adornar un cazo 
de agua que nunca hierve, 
sólo se templa 
si estoy yo. 
Languidecen los días, 
como tiritan las noches 
esperando no esperar 
la madrugada, 
ni el orden desordenado 
de las horas, 
que dividen minutos 
en sonrisas,  como lapsus 
momentáneos. 
Tibias o perversas aparecen 
para esclarecerlo todo, 
para encender la luz 
y mostrarnos la herida. 






Nená

Ha tocado el tiempo de las ‘nadas’.
El de las pausas largas llenas  de palabras. 



Nos toca pagar turno por el  ‘a mí me toca’ 
y la agresividad desmedida. 

Buscar la caricia sencilla porque si, 
sin preguntas,  es provocar al airado 
que tiene que resolver el mundo 
y ve los problemas,  que cree que tú no ves 
porque acaricias. 
Nos ha tocado un mundo difícil,  amargo 
como la fruta amarga, 
del que saldrán sin duda grandes personas; 
porque siempre se aprende de los errores 
cuando no eres tonto del haba. 





Nená


sábado, 24 de marzo de 2012


El jóven brincando 
va llamando a las puertas, 
vehemente, 
creyendo que su derecho 
a ser abierto es mayor, 
que el derecho 
a querer ser recibido. 
Siempre ha sido así. 
Esa pasión de corcel, 
irreflexiva, 
le hace atractivo, 
pero poco práctico. 
Primero muerde, 
después pregunta. 
Uno corre, 
y es motivo suficiente 
para salir corriendo. 
Y ante ese ir y venir salpicado 
de pulsos impetuosos 
escupe palabras 'duras', 
porque es una forma de decir 
'soy un adulto, sé decir y digo,  
y me da igual lo que opinen', 
y en realidad hacen de menguados, 
porque destapan su pérdida, 
su punto cardinal en  el mapa. 
Son valiosos,  mucho, 
pero gritar les ocupa más. 
Lo sé,  porque yo también 
tuve su misma edad. 








Nená

Riela la luna,  y 
abre un camino de luz 
sobre el agua. 
¡Nada!,  nada sobre el trémulo 
parpadeo del mar 
en su brillo intenso de luna, 
hasta  tocar al cielo; 


nunca llegarías. 
Así de hermoso es el anhelo 
de un amor de verdad. 
Por eso,  es tan difícil 
que el hombre busque 
amor y no deseo,  
¿quién nadaría sin descanso 
sabiendo que el trayecto 
nunca acabaría? 
¿Un loco?  ¿Un entusiasta? 
El amor te encuentra 
y te hace nadar, 
pero a veces 
te fallan las fuerzas 
o el corazón, 
o tal vez la valentía. 





Nená

viernes, 23 de marzo de 2012

Llevas mi voz 
en los pliegues de tu camisa,
aunque no la escuches.
Quisiera rozar tu piel 
pero no es mi sitio, 
como no es tu sitio 
el mar,  ni silbarle a 
las rocas. 
Rechazo el enrevesado 
y caprichoso verbo, 
que nunca dice nada. 
Ya nos decimos muy poco 
los seres humanos, 
que hasta los ojos 
los tenemos huecos. 
Yo digo que te extraño,
y que amo esta forma
 de sentir tan mía, 
siempre en eterna búsqueda, 
eterna. 
Tú eternamente lejos,  y 
extrañamente cerca. 


  


Nená