Desde tu fiereza mi manto de arlequín
porque así conviven los extraños,
así cruzamos las puertas sin ser vistos
siendo cénit y nadir,
el espanto más feraz a ojos de lo armónico.
Si tú eres para mi la perfecta entropía
y aún así te visto de domingo,
qué serán para ti mis pulsos enfermos,
mi poesía sin versos,
mi cintura esdrújula,
mi deambular caótico.
Acaso importa, me preguntarás,
y yo inclinaré mis ojos de olivino
hacia cualquier otra entraña
que no me sea extraña ni hostil,
porque así conviven los desiguales.
Nená de la Torriente

No hay comentarios:
Publicar un comentario
Háblame