martes, 29 de septiembre de 2015

DESCONEXIÓN


Vivo en la casa de cristal, 
a veces me gustaría vivir en la casa de metal 
pero lo cierto es que vivo en la casa de cristal 
al otro lado del puente. 

No tengo amigos. 

Si alguien se acerca a mí se siente incómodo 
porque sus huellas quedan presas 
en el reflejo de mis paredes limpias, 
y aun sabiendo que son suyas 
termina olvidándolo y me culpa de ello a mí. 

Los días de sol mi luz es cegadora, tanto, 
que es insultante. 
Los días de lluvia, el sonido de las gotas 
del cielo 
es abrumador. 

Cualquier rama es una amenaza, 
y con el granizo el miedo es tan grande 
que necesito un bajo debajo de mi cama 
donde poder esconderme. 

Alguna vez salgo fuera y contemplo 
aquella otra casa fuerte al otro lado del río. 
Sueño con alguien que vendrá a salvarme 
desde el otro lado del puente, 
un feliz habitante  de la casa de metal. 

Acariciará mis cabellos cortos y se volverán largos 
como antes. 
Cogerá mis brazos frágiles y se harán fuertes 
como antes. 
Tomará mi corazón pequeño 
 lo amará y se hará grande 
como nunca antes. 
Abrazará mi cuerpo extraño 
y lo convertirá en una  amapola 
V
I
V
A



Nená de la Torriente 

sábado, 26 de septiembre de 2015

Caos


Somos medidas imperfectas 
en nuestra imprecisa e inestable  
sensibilidad humana. 
Salvamos los muros de los caserones 
con sus pinturas de siglos 
y dejamos que se caigan los tejados 
de las aldeas más humildes,
con sus gentes y sus bestias.  
Corremos a llorar por el okapi 
y por el bello toro al que asesinamos
creyéndonos dioses,
pero le deseamos la muerte al torero 
y al cazador furtivo. 
¿Dónde estamos? 
¿En qué punto exacto 
en esa evanescente eclipse 
de lo que es apropiado
y necesario? 
Somos parte de todas las cosas 
y desde todo 
no somos capaces de vernos 
en cada una de ellas.  
La perfecta ignorancia exaltada,
el amor que se limita,
el hombre 
con su voy a hacer. 
La pasión que rueda como un neumático 
en medio de la autopista,
llena de señales luminosas 
y de flechas confusas. 
Encontramos un motivo, una razón
para encauzar tanto corazón, 
y entenderlo una vez y otra, 
antes de que llegue un nuevo tren
con empresas y banderines, 
a descolocarnos de nuevo. 
¿Nosotros? 
La mejor de las intenciones, 
sin entender alguna glosa,
o mucho,
o casi nada. 

Y     todo    según 

el    ángulo   que    abramos. 



Nená de la Torriente

miércoles, 23 de septiembre de 2015



martes, 22 de septiembre de 2015

A los que tanto amo



Qué sentido tiene el grito dentro del grito, 
la obstinada manera de condenarnos, 
la reiteración y la caída, 
la búsqueda del beso con sabor a pasado, 
a presente, a expectación, 
las interminables asociaciones peregrinas; 
el empeño por querer a quien no nos quiere, 
el denuedo por dejar de ser quien somos. 
Qué sentido tiene no ver con normalidad 
tanto lance emocional, 
y qué sentido tiene no jugar 
a favor de los dados. 
Huir por túneles de aire, 
 hacerlo por túneles de tierra, 
sencillamente huir. 
Por qué no quedarse quieto, 
aceptarse, 
aceptar como llega la vida, 
como suena el baile, 
como se mueven los pies 
como el corazón late, 
como la mente se acelera o se detiene. 
Volver a uno desde uno, 
sin hacerse daño. 


Nená de la Torriente 

jueves, 17 de septiembre de 2015

Hoy, así la vida


Hoy no me reconozco 
en el rostro de los demás,
como otras veces. 
Tantos matices,
luces, 
interruptores encendidos 
que están para dejar paso 
a otros cientos. 
El gesto taciturno del que viaja en el bus 
sujetando el enorme peso de sus dedos, 
la historia que encierra la arruga de su anular 
en el cruce del pulgar en garra. 
El frunce de la boca bonita 
que tal vez busca un lunar que no tuvo 
y debió de ser besado, 
justo en la linde de su comisura. 
El ojo en laguna retenida 
con un brillo en explosión, 
controlando el llanto de una sola lágrima 
que correrá tanto 
como perderá la ira su gran frase. 
Aquellas cejas juguetonas que quieren pensar 
que alguien las invitará a jugar, 
a un lenguaje sólo cifrado por dos 
en cualquier rincón del mundo. 
Los pies que sin saber que lo hacen 
se rozan 
y después con sabiduría profana 
se irán a hablar en silencio. 
Las pestañas que acarician la mirada de otro 
atrapándolo en un universo de juegos, 
empecatados e indóciles 
o corteses y románticos. 
La palabra dicha en el tono justo 
para sembrar la simpatía 
o para inocular el rechazo.
Hoy no me reconozco en los demás 
como otras veces, 
se desvanecen en otro mundo, 
se van alejando,
se pierden en una película en blanco y negro 
que visiono con cierta melancolía. 



Nená de la Torriente 

martes, 15 de septiembre de 2015


Me equivoco mucho,
queridísimo querido. 

La tristeza es esa vulgar coima 
ebria y machacona 
que viaja en el elástico de las medias. 

Cuando salgo del metro digo salgo del mundo 
como podía decir salgo de la vida, 
siempre de ésta tan mía, a veces escorada, 
a veces lineal como un verso que se estornuda. 

La escondo para que nadie la vea, y 
sonrío, 
sonrío mucho, 

porque allí abajo entre el ruido 
de los vagones, o arriba 
entre los pasos de “pitones”, 
sé que la luz sigue siendo un escándalo, 

y aunque me pesen los pies o las ganas, 
me obligo a quitarme las gafas de mirar 
lo que me disfraza, 
y le doy una patada al cosmos,  
mandándole al tendido de sombra. 

No somos dioses de ninguna parte,
queridísimo querido,  
somos sobrevivientes de nosotros mismos, 
perfectos ignorantes, 

que en el fragor del intercambio de flores 
vemos guijarros 
y escupimos al suelo como toda una aventura, 

tan estúpidos somos 
mi queridísimo querido, 

por no amarrar como es debido a la tristeza, 
y por no dar una patada bien fuerte 
a ese cosmos absurdo que inventamos. 



Nená de la Torriente 

domingo, 13 de septiembre de 2015


Me dijo:
No llegues tanto 
y quédate un poco más, 
que te reconozcan las palabras 
detrás de ellas. 
No te alejes tanto 
y quédate un poco más, 
que te sientan las cosas 
como algo suyo. 
No te enredes tanto 
ni te retuerzas 
en orfandades lingüísticas, 
desde allí no se te escucha 
con la misma fuerza. 
Camina hacia mí, 
hacia nosotros, 
-todos nosotros- 
con los términos justos 
y comprenderás lo cerca 
que estamos todos. 
No me hables de paz 
con la generalidad del que no cree, 
ni desvistas la belleza 
en los cuerpos que sólo se desatan 
con el sexo, 
hablar de amor 
con lo que susurran las sábanas 
sin alcanzar más folio, 
ni nube, 
ni golondrina. 
Lo sé, es demasiado complicado 
caminar por las estrellas 
sin tropezar en el tumulto, 
y sin caerse en los agujeros 
que el ingrato suelo invierte. 


Nená de la Torriente 

viernes, 11 de septiembre de 2015

CHACHE 


Chache decía 
que no había que volcarse 
como una hoguera rota, 
donde los leños se desploman. 

Ser misterio, ambigüedad, 
y una sonrisa de lado, 
vaticinando una historia 
tan sutil como deliciosa, 
esa era la fórmula perfecta. 

Sabía que hay prados en llamas 
aunque los veamos verdes, 
y que el brillo urgente no es cosa 
de un fósforo prendido 
o de una deflagración. 

Somos millones de reyes magos 
en los días 5 
de todos los meses de enero, 
con enormes sacos abiertos 
y las manitas sucias 
de mover regalos, 
sin mirar destinatario ni escalera. 

Pura pasión a trompicones, 
atropellándose, 
que no quiere aguardarse 
por si queda un cajón más grande 
detrás de todos estos cajones, 
ni una flor especial 
detrás de todos aquellos jardines. 

Somos eso tantos, 
cualquier cosa lejos del enigma 
y del arquetipo del misterio. 



Nená de la Torriente

miércoles, 9 de septiembre de 2015

Eternos OTOÑALES


Que qué nos duele 
con esta savia agria 
que ha perdido la densidad 
de aquella otra savia, 
la de los juncos en primavera, 
con aquel olor a fluxión, 
a acto de amor, 
a embarazo. 
Hemos muerto todavía. 
Nos seguimos mirando 
en un screener en blanco y negro 
con pequeñas secuencias de color: 

Vuestros ojos 

que llegan hasta esta curva 
tan nuestra 
de cayado de sabina 
y de memorias ambiguas, 
a recordarnos la Luz 
y todas sus irisaciones. 

Que qué nos duele... 



Nená de Torriente

lunes, 7 de septiembre de 2015

CUENTO DE AMOR


Perdí mi batalla contigo. 
La belleza tiene nombre de agua, 
susurro de lluvia 
y el aspecto de la roca besada 
por la marea 
con el verdinegro de los siglos. 
La historia de un verso perdido 
no es la historia de un abandono, 
es el pequeño cuento de un suicidio, 
porque el amor 
siempre se nos vuelve drama.

Deporto el alma a un suburbio 
como Vaulx-en-Velin, 
y mi tristeza se enreda en Pallarés 
buscando peces dorados. 
Mais qu´est ce que tu veux que je te dise? 
Mi francés murió con el lunar cerca del labio 
ese que atacaron las termitas, 
como debió de morir tu ansia 
por colarte en una habitación conmigo 
y burlar las horas con todos sus ángulos. 

Recuerdo tus cabellos griegos. 
No, no es cierto, 
los siento aún entre las manos 
porque son míos como lo fueron antes, 
y en este instante no te maldigo 
como no pude maldecirte ayer 
cuando el dolor era insoportable. 

Sí, al final conseguí vibrar 
como todos lo hacen. 
No voy a celebrarme por eso. 



Nená de la Torriente

domingo, 6 de septiembre de 2015


Hay tanto de carretera en este mar 

y de ave en estos coches, 
que mirar es remirar con la piel vuelta 
y pensar, ir a lomos de una ballena 
que amenaza con hundirse en el húmedo, 
para devolvernos de golpe a la cima 
ya aturdidos y sin juicio. 
Hay tan poco de amor en algunas manos 
que las quimas de higueras secas 
parecen sus dedos, 
aunque nos empeñemos en buscar la vida 
en sus brotes de septiembre o de junio, 
en forma y modo de un roce 
que no va a llegar nunca. 
Hay tanto de dolor en tu risa 
y de vértigo en tus dislocados versos, 
que leerlos es anudar tripas con dogales 
que gritan pidiendo una chaira, 
para soltarse de ti y alejarse solos. 
Hay tanto de soledad en los techos 
y de rotos entre las tejas, 
que nos asusta mirar al cielo 
por si nos devora su reino, 
y las estrellas se multiplican 
con desacoplados brillos. 
Hay tan poco de humanidad 
ya en los besos, 
que los labios se reinventan hacia dentro 
en busca de un yo desesperado, 
y los gestos se van alquilando, 
y el tiempo nos gana por una carcajada 
amplia y ensordecedora, 

al haber dejado de soñar
y habernos traicionado tanto. 



Nená de la Torriente

jueves, 3 de septiembre de 2015


No me traigas un pájaro, 
déjalo seguir su rumbo 
tan desconocido para mis ojos 
y mis pasos. 
El cielo es una odisea bellísima 
en la que no camino 
ni con la que mantengo 
conversaciones. 
Pero sigo, 
despacito o a salto de vértigo, 
no importa el tiempo que me lleve 
ni si ocupo un espacio que no es mío 
-los ojos aprenden a lavarse a cada poco- 
Soy vagón sin locomotora 
en cuesta infinita de bellísimos paisajes. 
Sé que no me quieres, 
ni tú tampoco, 
ni aquel que tanto me escribe, 
aunque recojo sus palabras de amor 
con un esmero tan esforzado como impaciente, 
por si han de sonar las campanas 
y debo de volver a casa 
donde un techo me cubre. 
Nunca entenderás, y no lo reprocho, 
sólo puedo darte todo este amor 
para que tal vez aprendas a entregárselo 
a otras. 
Soy consciente de que el tiempo 
no corre a mi favor, 
pero sí de que tengo la voluntad de la tierra: 

Las semillas empiezan a llamarme 
por mi propio nombre. 



Nená de la Torriente

miércoles, 2 de septiembre de 2015

CARACOL ERRANTE


Se detiene el pulso,
no el suyo, el del mundo, 
el susurro perdido de unas ramas 
le adormece. 
Está pasando, 
sin fiereza ni fauces ha despertado 
y se ha llevado la humedad 
a una estancia abierta, 
entre recortes de muro y olor 
a cáscara y a baba amable. 
Ella lavada por sus propios círculos, 
tan ciega, 
se deja olvidar inconscientemente 
como si nunca hubiera tenido poder, 
como si nunca le hubiera amado. 
No va a rescatarlo, 
nunca pensó en hacerlo. 
Su humanidad abarca 
el espacio que anida su hogar 
y su eco,
él debió comprenderlo entonces 
como lo comprende ahora. 

Caracol que partes por el mundo 
sin tu casa rígida, 
estás solo, 
estamos solos 
pero podemos gritar que somos libres 
¿quién dijo que fuéramos dioses?  


Nená de la Torriente

martes, 1 de septiembre de 2015


Tal vez 
amante de las desilusiones, 
los ambages son más propios 
de los que se indagan. 

Subido al encerado 
no distingo tu dedo anular 
de la tiza que araña el verde oscuro, 

ni ese trazo 
que hace el papel de periódico 
sobre el bocadillo, 
de ese otro que nace
del propio aliento del pan, 

-tan de colegio, 
tan de recompensa y sufragio, 
nada dómine ni sofisticado- 

Debo apagarme un rato, 
en el extremo más afilado 
de este extremo. 

Ver cómo se detienen mis pies 
seguros de haber encontrado 
algo candoroso y verdadero, 

no otra añagaza voceando ruinas. 

Si no estuviera desfallecida 
por el sonido de simuladas olas 

-humo encima de humo 
inventando pesca y amores, 
y acantilados, 
y bellas rocas- 

te amarraría con cables, 

pero sólo puedo avalar mi inocencia 
y la lisura de mis propios besos. 

Una vez más se me aviene un tú 
como aquellos tantos, 
pero no sé cuántos lograrán acabar 
con la trampa del corazón 
sin repostaje.

Cada músculo es diferente. 

Por qué mentirse.  
Es un misterio para mí. 




Nená de la Torriente